Bandera media asta - Alexey Martínez
15707
post-template-default,single,single-post,postid-15707,single-format-standard,ajax_fade,page_not_loaded,,vertical_menu_enabled,qode-title-hidden,side_area_uncovered_from_content,qode-theme-ver-10.0,wpb-js-composer js-comp-ver-4.12,vc_responsive

Bandera media asta

Sentimientos encontrados, no habrían mejores palabras para definir lo que siente el país desde la noticia del fallecimiento del que fuera presidente de la República durante catorce años.  La estampida de comentarios en redes sociales, medios convencionales y en la calle, llenas de esa característica división que nos ha marcado durante ese tiempo de mandato no se hicieron esperar,  tanto oficialistas como opositores sin darse cuenta  están de acuerdo en juzgar de hipócritas a los que enaltecen los rasgos del deudo, mientras, algunos solo se limitan a llorar la pérdida de su líder y otros aprovecharon la coyuntura histórica para salir de su closet político dando sorpresas por doquier.

Mientras amanecía, el día seis,  en mi hogar decidimos colocar la bandera a media asta, no por afinidad con el gobierno, ni por temor a una multa, sino por el deber ser y por respeto.  Sin temor a las imprecaciones decidí comentarlo en las redes sociales y las reacciones no tardaron, me preguntaban y argumentaban sobre el porqué darle el debido respeto a alguien que no había tenido tales gestos de respeto cuando falleció CAP o luego de tantas violaciones al país. Esto por un momento me hizo dudar y detenerme a reflexionar que esta clase de reacciones eran las esperadas cuando sucediera este inevitable evento. Sí, el gobierno liderado por Hugo Chávez puede haber rasgado el país en dos, puede haber permitido que muriera mucha gente a manos del crimen y desarrollado otro nuevo nivel de impunidad, puede haber sido un caldo de cultivo para la corrupción, pisado la constitución, pisado nuestras voluntades cada vez que pudo, habernos colocado en una lista inhumana para negarnos empleos y otros beneficios, en fin, puede haber violado los Derechos Humanos de arriba a abajo y de abajo a arriba, pero si hay algo que no le permití ni al gobierno ni a Hugo Chávez en vida, menos se lo permitiré en su deceso, fue quitarme el deseo de ser un buen ciudadano y de profesar este modo de vida para conseguir un país mejor, sencillamente no les permitiré convertirme en algo que jamás seré, en alguien como ellos.

No es secreto para nadie que soy opositor, hace un tiempo atrás fui parte del movimiento estudiantil y con esto viví algunas situaciones incomodas que quizás comparadas con las de algunos de mis compañeros de lucha en ese entonces o generaciones pasadas son meras nimiedades, desde llamadas telefónicas a altas horas de la madrugada con amenazas de muerte o secuestro, teléfonos pinchados y hasta aparecer en las listas personales de ciertos personeros de gobierno de ese entonces. No puedo negar que en esos días más de una vez vi la maleta y el pasaporte muy apetecibles, sin embargo pensaba y mantengo ese pensamiento hoy: jamás permitirles que me quitaran el deseo de un mejor país, así como no darles ese gusto que tanto anhelan, ser sumiso, que deje de votar y que calle.

Pasarán los años y cuando la historia nos haga justicia y pueda contarle a mis hijos por qué el seis de marzo icé la bandera a media asta y si estos me cuestionan, podré decirles tranquilamente ”porque yo no deje que me convirtieran en uno de ellos”.